jueves, 25 de septiembre de 2014

Gallardón presenta su dimisión y deja la política.


En la tarde de este martes día 23 de septiembre Alberto Ruiz Gallardón ha anunciado en rueda de prensa su dimisión como Ministro de Justicia, motivada por no haber contado con el apoyo del Gobierno en la aprobación de su controvertido proyecto de ley del aborto. Al frente del Ministerio le sustituirá Rafael Catalá Polo, hasta ahora Secretario de Estado de Planificación e Infraestructuras del Ministerio de Fomento. El nuevo Ministro ya tuvo responsabilidades en el Ministerio de Justicia, pues fue Secretario de Estado de Justicia con el Ministro Michavilla, entre 2002 y 2004, periodo en el que se produjo la reforma de la LOPJ que modificó nuestro estatuto jurídico e introdujo la denominada “nueva oficina judicial”.

Desde STAJ no podemos decir que nos apene la renuncia de Gallardón, pues no han sido pocas las veces que hemos pedido su dimisión. Le deseamos lo mejor en su vida personal, pero desde luego al frente del Ministerio no ha hecho sino tomar decisiones polémicas una tras otra y muchas de ellas, a nuestro juicio, gravemente perjudiciales para el servicio público de la Administración de Justicia.

Es el caso, por ejemplo, de la modificación del CGPJ, que introduce cualquier cosa menos independencia en el órgano de gobierno del Poder Judicial. O el caso de la Ley de Tasas, que impide el acceso igualitario a la justicia de aquellos que menos recursos tienen, y queSTAJ ha combatido fuertemente, habiendo impulsado junto a plataformas profesionales y ciudadanas el recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el Grupo socialista en el Congreso, además de haber forzado una modificación que suavizó, aunque de forma insuficiente, las previsiones de la Ley.

También perjudica al servicio público la reciente “privatización” del Registro Civil, medida que ya está aprobada no sólo por el propio Ministro, sino también por el Gobierno y el Parlamento, por lo que no puede decirse que sea algo exclusivo de Gallardón sino, más bien, de todo el partido popular. Por otra parte, y en honor a la verdad, hay que decir que Gallardón sólo es responsable de la “privatización”, pero no de la desjudicialización, pues ésta fue promulgada en una ley aprobada por el PSOE cuando en el 2011 estaba en el Gobierno -y contra la que, por cierto, nada hizo algún sindicato que ahora tanto protesta-, desjudicialización que preveía ya de forma indirecta la desaparición de los cientos de puestos de trabajo vinculados al Registro Civil. Ahora, al menos, el Ministro se había comprometido a mantener esos puestos en su ámbito, y las presiones de STAJ iban por buen camino en el sentido de garantizarse también los puestos en las Comunidades Autónomas con competencias. Y si no se logra esa garantía, STAJ apuesta por la huelga y en este sentido está consultando a todos los funcionarios afectados.

Hay otros proyectos de Gallardón que quedan en el aire, y que son más o menos polémicos. La reforma del Código Penal está en trámite parlamentario, pero la nueva Ley de enjuiciamiento criminal difícilmente verá la luz, ni siquiera ha sido aprobada aún por el gobierno. También están en trámite parlamentario la Ley del Estatuto de la víctima, la nueva Ley de jurisdicción voluntaria, y la nueva Ley de justicia gratuita. Estas dos últimas tampoco están exentas de polémica, la primera por lo que tiene de cierta privatización de algunos asuntos de jurisdicción voluntaria, y la segunda porque no gusta nada a los abogados. En cualquier caso, son leyes que ya no están en el Ministerio, sino en el Parlamento.

Sin duda, junto con la desjudicialización del Registro Civil, la reforma que más nos afectará a los funcionarios de justicia es la de la Ley Orgánica del Poder Judicial, en el caso de que siga adelante su tramitación. El Anteproyecto de esta Ley habría supuesto, de aprobarse sin modificaciones, el mayor retroceso de derechos que hubiéramos tenido nunca los funcionarios al servicio de la Administración de Justicia, además de suponer una profunda transformación de la organización judicial en España. Ese anteproyecto no sólo ha contado con el rechazo de los funcionarios y especialmente de STAJ, sino también de prácticamente todos los colectivos vinculados a la justicia, desde jueces a abogados, sin olvidar a representantes de otros sectores de la Administración. De ahí que el texto esté sufriendo una modificación tan grande que se parecerá poco al Anteproyecto originario.